jueves, 29 de abril de 2021

29 abril 2021 (4) La Voz de Asturias

29 abril 2021

 

Las batallas de David Beriain en La Voz

Sus años como reportero de guerra comenzaron en La Voz, periódico en el que trabajó seis años y para el que cubrió los conflictos de Irak y Afganistán. El 11-M, el diario apostó desde el primer día por la autoría de Al Qaida. Gracias, entre otras fuentes, a una frase premonitoria del periodista navarro: «Hacedme caso, no fue ETA»

Descubrimos que trabajábamos en el mejor periódico del mundo la madrugada del 20 de marzo del 2003, cuando George Bush hijo lanzó el ataque sobre Irak, en la segunda guerra del Golfo. Pasaban las 3.30 de la madrugada cuando el entonces director adjunto, Xosé Luís Vilela, nos dijo que ya no había nada que hacer. Y que mejor nos fuéramos a dormir un rato. Recogimos. Contrariados por el trabajo bien hecho que quizás no vería la luz. Aliviados por la población iraquí, pensando que Bush había incumplido su ultimátum. Pero nos equivocamos: cuando la mayor parte del equipo íbamos por las curvas del Quinto Pino, Beri llamó. El cielo de Bagdad centelleaba. Casi todos dimos la vuelta en la rotonda de A Grela. Y con Rosa Paíno impartiendo su magisterio, business as usual, como siempre desde hace 25 años, al amanecer mandamos a filmar un periódico que está en nuestro museo, en el que contábamos que el ataque había sido a las 3.40 hora española. Con la foto en primera de Bush, que salió en la tele a nuestras 4.15. Y con la página 2 firmada por Beri: David Beriain, enviado especial a la Guerra de Irak..Tenía 25 años y había entrado al país por la frontera turca, escondido entre la carga de unos contrabandistas.

25 años. David Beriain Amatriain (Artajona 1975-Burkina Faso 2021). Era un cativo pero venía curtido de dos años en el periodismo provincial argentino. Antes de acabar la carrera ya andaba detrás de él la mafia local de Santiago del Estero, una ciudad del interior del país, donde comandó la primera unidad de investigación del diario El Liberal.

Beri era seco, vehemente, orgullosamente austero. Poco futbolero pero del Osasuna. Nos enseñó a decir cagüensós y a comer txuletón. Con Gorka, ahora en Las Provincias, hacían la peña rojilla de La Voz. En la hora de la verdad, es de justicia decir que lo recibimos con cierta pelusilla. Era un mocoso y ya venía con una hoja de ruta clara. El mundo no le cabía en aquella cabezota gorda de Artajona. Cada salida de Beri a hacer reporterismo por Galicia era un tratado de antropología. Aterrizaba de Afganistán o del Congo y los subdirectores lo mandaban a hacer un reportaje a Boimorto. Le tomábamos el pelo cuando venía de una de esas expediciones por la Galicia interior, diciendo carallo o riquiño, con la austeridad de su indeleble acento navarrensis.

Volvimos a recordar que trabajábamos en el mejor periódico del mundo cuando el Prestige, el  Centenariazo, los veranos de los incendios... Pero su corazón estaba en otros lugares. En África, en toda Latinoamérica, en el ya inflamado Oriente Próximo. Pocos días después de que 17 militares españoles, 12 de la Brilat de Pontevedra, se mataran en un helicóptero Cougar que sobrevolaba Afganistán, llegó a entrevistar al jefe de la tribu que los derribó. A la mañana siguiente de los atentados de Atocha, solo dos periódicos españoles salimos con una primera que atribuía el ataque a Al Qaida. La Vanguardia y nosotros. En nuestro caso porque, entre otras muchas fuentes y llamadas cruzadas, en un día dolorosamente inolvidable, tras peinar foros yihadistas y hablar con sus fuentes del CNI, Beri dijo: «Hacedme caso, no fue ETA».

En los años de Beriain en La Voz hicimos de todo. Con Álvaro Valiño, Chiqui Esteban, Óscar Ayerra, Xoán G. y Manuela Mariño, firmó alguna de las mejores dobles páginas de la historia del periódico. Sus Malofiej, los Oscar de la infografía, aún lucen en lugar preferente de la redacción. Después de La Voz, lo que vino es conocido: los jefes talibanes, las FARC, el cártel de Sinaloa, la vendetta albanesa, la camorra napolitana, la caída de Gadafi...

Además de ser los mejores, fuimos muy amigos. De esa pandilla, la inagotable cantera de La Voz, somos también Mariluz Ferreiro, Fuco Doménech, Xurxo Fernández. Héctor Porto y Ana Sueñito. Pachín. María Pedreda y Pablo González. Y muchos más que hoy lo lloramos. Vilela aún guarda el casco blindado que le regaló al irse. Yo nunca podré devolverle un disco que me prestó: un directo de Los Piojos en Buenos Aires. Hoy y mañana lo lloraremos. Y a partir de pasado intentaremos seguir siendo los mejores, como lo somos desde aquellos años de esplendor en la hierba. Aunque lo echaremos muchísimo de menos.

 

 

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