1 julio 1998
En tants anys de feina, en Robert Manrique ha tingut la oportunitat i el privilegi de anar a molts indrets per impartir conferències, oferir els seus coneixements, ajudar a víctimes de atemptats molt diversos...... una de aquestes visites la va plasmar en dos articles publicats a la revista número 33 de l’antiga AVT pel seu desplaçament a Ermua a principis del mes de juliol de 1998.
Desde Cataluña
Ermua: una ciudad, dos espíritus
Como víctima del terrorismo, con once años de “experiencia” y tras haber estado en Ermua (Vizcaya) con motivo del aniversario de l atentado terrorista contra Miguel Angel Blanco, creo que puede ser de interés reflejar la opinión de quien suscribe, en relación al tan repetido y mencionado “espíritu de Ermua”, quizás para variar de las posturas políticas oficialistas y exponer el pensamiento de muchos habitantes de Ermua.
Por si a alguien se le escapó el detalle, el pasado julio se cumplió el primer aniversario del macabro atentado contra Miguel Angel Blanco. Un año de promesas, comentarios e intereses políticos partidistas. Un año de rabia, dolor e impotencia de difícil descripción. Un año del nacimiento de lo que alguien denominó el “espíritu de Ermua” y que mas tarde ha sido utilizado, menoscabado y manoseado por numerosos miembros de la clase política. Al principio, la divina ciudad vizcaína aceptó el sustantivo que englobaba los sentimientos de 17.000 ermuenses, porque hay 800 que todavía son fanáticos seguidores de Herri Batasuna y sus colegas. Pero lo que en un principio era la representación gráfica de una situación real, el desprecio al terrorista y sus actividades, el rechazo hacia quienes están de acuerdo con esas muertes continuas e inútiles, se ha transformado, por arte de magia política y electoral, en una ambigüedad controlada y en una representación teatral de gran calidad y amplia audiencia.
Lo cierto es que cuando se palpa el ambiente, cuando se aprecian las miradas cruzadas, cuando se siente tan de cerca la bravuconería de los miembros de Jarrai y su rictus burlón, cuando sientes que un miembro de HB intenta escuchar tu conversación amigable y cordial con cualquier vecino del pueblo es cuando uno se da cuenta realmente de cual es el verdadero “espíritu de Ermua”. Ese espíritu que nació hace un año, que intenta ser el símbolo de la repulsa de una sociedad al crimen vacío y bastardo, ha sido secuestrado por una hipocresía política que hace “oídos sordos” a las exigencias de la población. Millones de ciudadanos, tanto en las calles como en sus trabajos, demostraron públicamente se deseo de que los políticos cumplieran sus promesas post-atentado y abandonaran esa zona gris en la que tantos se mueven. Ese deseo, esa reclamación, ese compromiso se ha ido aniquilando con el paso del tiempo. Pocos meses han bastado para volver a la costumbre: los partidos democráticos se atacan entre ellos, el problema terrorista es moneda negociable, el famoso “apartheid” entre los demócratas y los fascistas se ha convertido en un recuerdo, los terroristas siguen matando, los políticos siguen hablando, negociando, reinsertando....
Y el “espíritu” original está muerto. Como Miguel Angel Blanco. Como el resto de muertos por el terrorismo. Ese espíritu original, politizado, utilizado y sobado hasta la saciedad por unos intereses partidistas y electoralistas que olvidan, meses después, los mensajes que todos podíamos leer en la fotografías de portada” “Por la paz”, “Todos contra el terrorismo”, “Por la paz y la libertad”, “Todos contra ETA”...
Pero todavía existe otro espíritu, otro ambiente, otra intención. Es el posicionamiento de la amplia mayoría vecinal de Ermua con una actitud consecuente a los actos de julio de 1997. Una actitud de valentía, orgullo y dignidad que no se ha perdido en este año, y que no se perderá jamás, porque los buenos vecinos de Ermua sienten en lo más profundo de su corazón la muerte de Miguel Angel y de cualquier otra víctima del terrorismo. Porque también se consideran víctimas de la sinrazón y del fanatismo. Porque están unidos, no por ideologías políticas sino por ideologías humanas: el respeto a la vida, al prójimo y a la libertad de pensamiento. Han conseguido que la política no les manipule, que las siglas no les separen y que el proyecto común de ser libres les una. La inolvidable velada compartida con tantos ermuenses es prueba indestructible de que la inmensa mayoría del pueblo vasco y de Euskadi desean terminar con esa lacra que les está destrozando como un virus mortal. Disfrutar de unos días de contacto directo con la ciudad de Ermua, con sus gentes y con sus víctimas plantea la necesidad de recuperar esa actitud ante el terrorismo, ante el asesinato y ante la ambigüedad.
Ese es el verdadero “espíritu de Ermua”. El ofrecido por los 17.000 habitantes de Ermua. Los otros 800 no merecen ser relacionados con esa ciudad, lugar emblemático del rechazo al terrorismo.
A Ermua y a su verdadero “espíritu”, gracias.
Visita a Ermua.
Como consecuencia de un encuentro en un programa de televisión (Canal 9 de Valencia) en septiembre de 1997, un grupo de ciudadanos “anónimos” de Ermua comentaron su propósito de invitar a algunas víctimas de Hipercor al pueblo, en representación de las víctimas del terrorismo.
A mediados de junio empezamos a concretar la cuestión y entendimos que la fecha elegida era correcta, dado que nos evitaríamos las “movidas que habrán con los políticos el siguiente fin de semana con el aniversario del asesinato de Miguel Angel Blanco”.
Salimos en tren el viernes por la noche y llegamos a Bilbao a las ocho de la mañana del sábado. Nos estaban esperando cuatro de los ermuenses: José, Edurne, Juan Antonio y Mari Carmen. Tomamos unos cafés en la cafetería de la estación y nos dirigimos hacia Ermua en sus coches.
Primeramente paramos en la Universidad de Eibar, donde teníamos reservadas dos habitaciones. Decidimos quedarnos a descansar tras el viaje y encontrarnos en el comedor de la Universidad a las 13:30, mientras ellos marchaban hacia Ermua a ultimar detalles del programa de visita que nos tenían preparado.
Tras la comida, a la que asistieron aparte de los citados cinco ermuenses más y también Fernando (de “Manos Blancas”) llegado desde Madrid, decidieron enseñarnos la zona de Ermua y alrededores, aunque finalmente terminamos en el santuario de San Juan de Gaztelugache, por petición expresa de un servidor, con la sorpresa de que ninguno de los ermuenses había subido nunca hasta la cima del santuario (yo había sido el único en una visita anterior).
Tras visitar otros lugares cercanos a Ermua, llegamos sobre las ocho de la tarde al restaurante donde estaba preparada la cena. En la citada cena estaban presentes unos quince miembros del grupo que nos invitó, además del alcalde de Ermua (Carlos Totorica) con su correspondiente escolta, el párroco (José Mari), los padres y la hermana de Miguel Angel Blanco recién llegados de la entrega de un premio en ¿San Sebastián?.
Durante la cena compartí lugar con el alcalde, el párroco y la familia Blanco junto a Esperanza, Sara y Francesc. Es increíble el desconocimiento relacionado con la víctima que existía en aquella mesa. Carlos Totorica se sorprendía de cada comentario que le explicábamos y reconocía su desconocimiento, al igual que el párroco. Pero la situación en relación a la familia Blanco era todavía peor: están “en una nube” y además no coinciden sus opiniones (sobre todo la hermana Mari Mar) con lo que después se puede leer en prensa. No están todavía situados en el problema, no entienden por qué la Fundación M.A .Blanco tiene que ser dirigida desde Madrid, el padre empezó a hablar del tema, por primera vez, en la cena (según palabras del párroco). La madre escuchaba con muchísima atención y la hermana era la única que se permitía opinar, aunque con poca convicción. Bajo mi punto de vista, quedó muy clara la utilización a la que esta familia está siendo sometida. Desconozco si se contacto con ellos anteriormente, pero no dijeron nada al respecto y están totalmente perdidos. En sus propias palabras, “el único que de vez en cuando nos llama o viene a vernos es José Maria (el párroco)”.
La cena fue un excelente punto de encuentro con esta familia y también con el alcalde. Me pareció una persona preocupada por no disponer de más información, el estar en un pueblo pequeño y sometido a mucha presión por “imagen”.
Del resto de asistentes, todo lo que podamos decir es poco. Se comportaron con un exquisito deseo de atendernos en todo momento.
Un detalle que se me escapaba. Antes de la cena, en la inauguración de una plaza en el pueblo, con su frontón recién pintado, aparecieron ocho niñatos de Jarrai y colocaron unos carteles tanto en las paredes como en el frontón exigiendo algo refernte a una autopista, planteando una situación muy violenta, dado que insultaron a unos vecinos y mantuvieron una actitud chulesca y provocadora. En cuanto se fueron de la plaza (diez minutos) los mismos vecinos arrancaron los carteles y limpiaron la cola de las paredes. Según los mismos vecinos que nos acompañaban (los mismos que quitaron los carteles, claro) no se habrían atrevido a hacer eso un año antes. Decían que habían “recuperado su dignidad”.
Después, visita guiada al Ayuntamiento. Tras la cena, lo típico: “el poteo” por los bares. Excepto la familia Blanco y el párroco, que no vinieron, nos obligaron a acompañarlos hasta las cinco de la mañana, con lo cual las conversaciones con los vecinos y con el alcalde se extendieron hasta esa hora.
El domingo por la mañana, asistencia a misa a las doce y media en la iglesia de Ermua. Y la “sorpresa”: el párroco empezó el oficio religioso mencionando la presencia de “unos representantes de la Asociación de Víctimas del Terrorismo entre nosotros, a los que extendemos una calurosa bienvenida por su excelente labor en pro de los afectados por actos terroristas......”.
Al salir, conversación a fondo con Mari Mar Blanco. Todo en relación a la manipulación que se va a realizar con los actos del próximo domingo 12 de julio. Los preparativos que el pueblo y la familia Blanco han preparado tienen que cambiarse por cuestión de los asistentes al acto, por los horarios de la prensa, por el partido final del Mundial de fútbol, por....
Y les avisaron de los cambios esa misma mañana.
Al terminar toda la conversación, apreciando un desconocimiento casi absoluto de lo que es realmente ser víctima del terrorismo y tras observar cómo “dos (según Mari Mar) capullos de HB nos están observando” lo cual era cierto, salimos hacia la Universidad de Eibar para comer. Después, un paseo por Ermua y visita al museo Gugenheim junto a otros miembros del grupo. Tanto Esperanza como yo y otro matrimonio (José y Edurne) fuimos a pasear por Bilbao y a concretar una posible próxima visita para realizar una conferencia en el Ayuntamiento de Ermua (el lunes día seis de julio debían asistir dos miembros del Foro Ermua a dar una conferencia en el propio Ayuntamiento).
Luego fuimos todos hacia la estación y allí nos encontramos con Leonor Regaño, a la que habíamos llamado con anterioridad. Presentaciones de rigor y vuelta a Barcelona.
Estos días en Ermua nos han demostrado que el famoso “espíritu” se encuentra en los habitantes del pueblo y que tiene verdaderos deseos de acabar con el terrorismo y con los terroristas.
Según nos comentaron, quien quedó sorprendido con la explicaciones recibidas fue Carlos Totorica, pues desconocía todo lo que comentamos. Lo cierto es que fue una visita muy provechosa y una toma de contacto que, según mi opinión, debemos mantener.
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