martes, 17 de noviembre de 2020

17 noviembre 2020 ABC

17 noviembre 2020 

 


 

Alfonso Guevara, la toga de hierro que indigna a los abogados en el juicio del 17-A     

Así como en el fútbol hay árbitros más o menos permisivos en la aplicación estricta del reglamento –los que «dejan jugar» y los que no–, algo similar sucede en el terreno de juego en el que se convierten las salas de vistas durante los juicios. Hay jueces flexibles con la forma en que los abogados interrogan a acusados y testigos, y otros que encorsetan más sus intervenciones: «¡Improcedente, a eso ya ha respondido, letrado!». El presidente de la Sala Tercera de la Audiencia Nacional, Félix Alfonso Guevara (Salamanca, 1956), que juzga a los acusados de los atentados yihadistas de Barcelona y Cambrils, sin duda forma partes de la escuela más intervencionista. Hombre de aspecto frágil pero fuerte carácter, se impone además con unas formas ariscas, que están molestando a los letrados de las familias de las víctimas.

Sus maneras han llevado a los colegios de abogados catalanes a mostrar su «profundo rechazo e indignación por el trato» que el magistrado en este juicio «está dispensando a los letrados y letradas». El Consejo de la Abogacía Catalana, que representa a los 14 colegios de abogados de esta comunidad autónoma, se reunió el pasado viernes y emitió un contundente comunicado contra el juez: «Es inaceptable que en la sala se produzcan estos comportamientos por parte de aquellos que han de impartir justicia».

El objetivo de su genio suelen ser los abogados, pero tampoco los miembros de la Fiscalía se libran de los azotes de su fuerte carácter. El Consejo de la Abogacía, después de la primera semana de un juicio cuyas sesiones se alargarán hasta mediados de diciembre, denunció que la actitud de Guevara supone «una grave limitación en el ejercicio del derecho de defensa, pilar fundamental de cualquier estado democrático y de derecho». Y amenazaron con reservarse su derecho de presentar una queja ante el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) por su «falta grave de consideración».

 

Guevara, juez de prodigiosa memoria y escasa paciencia, en la primera semana del juicio ha dado muestra tanto de lo uno como de lo otro Recuerda cada detalle de lo que ocurre en la sala, parece tener el sumario en su cabeza, cargándose de razones para enmendar a los abogados, pero despachándolos a menudo con modos de trazo grueso. Ha marcado perfil desde el primer momento. Se estrenó con un rifirrafe con un abogado que amagaba con abandonar el juicio si no le solucionaban algunas cuestiones de intendencia: «¡No abandona la sala!», respondió a gritos al letrado. «¡Yo no soy electricista!», le había espetado momentos antes cuando el letrado se quejaba que no tenía enchufe para conectar su portàtil.

 

«La ironía, a otro lado»

Tampoco el diputado de Junts per Catalunya (JpC) y abogado de la familia de una de las víctimas, Jaume Alonso Cuevillas, se libró de los dardos de Guevara cuando intentó aportar un informe forense sobre el ADN del imán de Ripoll ideólogo de los atentados –el letrado cuestiona que muriese en la explosión de Alcanar, como consideran los investigadores–. «Estamos ya en juicio, por lo tanto, escritos en secretaría, ni uno ¡Se van a tirar a la basura!», le respondió el juez. Y el diputado nacionalista sufrió también una reprimenda cuando, al acabar su interrogatorio, le agradeció su «amabilidad». «La ironía a otro lado, se lo advierto», le espetó Guevara.

De la conservadora Asociación Profesional de la Magistratura (APM), tiene fama de garantista y es elogiado por su impecable técnica. En su larga trayectoria presidió juicios icónicos como el de los atentados yihadistas de la T-4, las causas contra Emilio Botín o contra Lola Flores, formando parte además del tribunal que juzgó la masacre del 11-M. Y también sentó en el banquillo al etarra Iñaki Bilbao, cuando este, desde la «pecera» donde permanecen los acusados en las salas de la Audiencia, amenazó con matarle mientras pateaba la cristalera. «¡Entre todos, redúzcale! ¿O es que no tienen fuerza para suficiente para reducirle?», apremiaba a los tres policías que trataban de sujetar al terrorista.

 

 

 

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