13
mayo 2024
El
jubilado acusado de mandar cartas bombas, al ser detenido: “Os confundís. Soy
aficionado a la marquetería”
Arranca
el juicio contra Pompeyo González por enviar desde Burgos varias cartas-bomba a
La Moncloa, la Embajada de Ucrania y otros objetivos con el fin de combatir a
los enemigos del Kremlin
Pompeyo
González, el jubilado de Miranda de Ebro (Burgos), acusado de enviar una remesa
de cartas bomba al Palacio de La Moncloa, la Embajada de Ucrania en Madrid y
otros destinos, negó los hechos cuando fue detenido por la Policía. “Me
sorprendió que estaba muy tranquilo. Nos dijo: Os habéis confundido, a mí me
gusta la marquetería”, ha dicho este lunes en el arranque del juicio uno de los
agentes de la Brigada de Información que participó en su arresto el 18 de enero
de 2023.
El
acusado, de 74 años, es un funcionario jubilado del Ayuntamiento de Vitoria que
había trabajado como enterrador en el cementerio. La Fiscalía pide para el 22
años de cárcel por un delito de terrorismo y otro de fabricación, tenencia,
colocación y empleo de aparatos explosivos. La Asociación de Víctimas del
Terrorismo, que ejerce la acción popular, eleva su petición a 24 años. Una de
las bombas que envió Pompeyo explotó y causó heridas en una mano a un
trabajador de la embajada de Ucrania, que estuvo 30 días de baja.
En
esta primera jornada del juicio han declarado dos decenas de agentes implicados
en la ardua investigación que llevó hasta Pompeyo González. El acusado escuchó
el relato de los policías y solo en algún momento puntual se inmutó para negar
con la cabeza sus afirmaciones. Ocurrió cuando el agente antes citado afirmó
que era “muy maniático”. “Todos los días salía a las 9:30-9:45 de casa y volvía
a las 12:00”, ha contado el policía. El agente ha asegurado que, sin embargo,
antes de ser detenido cambió de rutinas y que él sospecha que fue porque se dio
cuenta de que estaba siendo vigilado y se deshizo de parte del material que
guardaba en casa. Pompeyo González está en libertad desde el pasado mes de hace
más de un año al apreciar el juez José Calama que no había riesgo de fuga.
En
el registro, según ha corroborado los policías, se encontraron tornillos,
varillas y taladros con brocas de precisión iguales a las que tenían que haber
sido utilizadas para fabricar los artefactos. Pompeyo, además, poseía un dron
con capacidad para transportar carga explosiva. Ante el juez de la Audiencia
Nacional negó su participación en los hechos, que sin embargo está avalada,
además de por los hallazgos, por la coincidencia del perfil de ADN hallado en
los sobres de los artefactos que no estallaron y en la basura que los agentes
estuvieron fotografiando y recogiendo varios días después de que Pompeyo la
tirara.
Ante
la Sección Tercera de la Sala de lo Penal han declarado hoy policías de
Información dedicados a las vigilancias, a investigar en las búsquedas
“prorrusas” en Internet del acusado o sobre el modo en que fabricar artefactos
explosivos y también los que tuvieron que trazar una ruta inversa de los sobres
para llegar hasta él. La Fiscalía asegura que, con su actuación, Pompeyo quiso
“causar profunda conmoción en la normal convivencia pacífica de la sociedad
española”
El
último de los envíos en trascender, el 1 de diciembre de 2022, fue el que se
había realizado una semana antes al Palacio de La Moncloa. Su destinatario era
el presidente del Gobierno. Sin embargo, los investigadores pronto supieron que
el sobre había sido remitido el mismo día que otros cuya recepción había
trascendido ya, concretamente los que fueron interceptados en los controles de
seguridad de la Embajada estadounidense en Madrid y en la Base Aérea de
Torrejón de Ardoz. Arrancaba la operación Konvert, bautizada así por la
traducción al ucraniano de la palabra “sobre”.
Ninguno
de los tres artefactos citados había explotado, por lo que conservaban el
número del matasellos del Centro de Tratamiento Automatizado de Correos en
Valladolid. La primera pista era el número 47. Así comenzó el primer y tedioso
visado de imágenes por parte de los policías de la Comisaría General de
Información. El 21 de noviembre se había procesado el sobre dirigido a
Presidencia del Gobierno; el día 28 el que llegó a Torrejón; y el 30 de
diciembre, el dirigido a la Embajada americana. Además, González envió cartas
que no explotaron a la empresa de armamento Instalaza y a la ministra de
Defensa, Margarita Robles.
El
siguiente paso fue buscar los camiones de reparto y trazar la ruta inversa. La
pista ya apuntaba al norte de España, pero esta fase de la investigación la
alejó un poco más, concretamente a Burgos. El autor de los envíos había acudido
a buzones colocados en la calle para depositar las cartas. Desde el principio,
la Policía sabía que buscaba a un varón, el mismo que había dejado su saliva en
todos los sellos de las cartas enviadas.
La
pista de los sellos estampados
La
siguiente pista serían los sellos estampados. Solo dos estancos podían haberlos
vendido: uno en la calle San Pablo de la capital burgalesa, por 0,75 euros; y
otro en la calle Sombrerería, por 2,70 euros. Paralelamente se abría otra línea
de investigación que iba a resultar clave: los sobres empleados. Los policías
descubrieron que todos pertenecían una empresa que los comercializa por
Internet. El 5 de noviembre de 2022, un tal Pompeyo G. P había comprado 25
sobres. Demasiados para un particular. Pompeyo vivía en Miranda de Ebro.
La
relevancia de los sobres es tanta como para decantar el éxito de la operación,
a diferencia de lo que ocurrió con los envíos de las balas a políticos.
Aquellos eran muy comunes, no como los que adquirió Pompeyo. Los agentes
empezaron a indagar en las costumbres de este funcionario jubilado del
Ayuntamiento de Vitoria, especialmente en sus compras. Sus 74 años no le
impedían estar familiarizado con las redes sociales y con todo lo relacionado
con Internet.
La
Policía hizo un requerimiento formal a Amazon y empezó a salir de dudas: entre
junio y julio de 2022, a los cuatro meses de que Vladimir Putin decidiera
invadir Ucrania, Pompeyo había comprado un kilo de nitrato potásico puro, cable
con mecha, interruptores, filamentos de cobre y bombillas incandescentes. La
adquisición de todo este material apuntaló la “trazabilidad” del envío. Con las
balas no pudo ser. En aquellos sobres no había más elementos sobre los que
trabajar que los viejos casquillos.
En
octubre, Pompeyo había dado un paso más. Ese mes y el siguiente se hizo con
pegatinas adhesivas de 100 por 55 milímetros, bisagras de 25 por 23, brocas de
precisión, tornillos de todo tipo y plantillas para dibujar números y letras.
Pompeyo no quería que nadie identificara su letra. La Policía cotejó todo lo
que había comprado en Amazon con lo que habían encontrado dentro de los sobres
que no habían estallado y no había duda: eran del mismo tipo, según detalla el
juez Calama en el auto por el que dicta prisión provisional sin fianza para el
acusado.
El
informe de la Comisaría General de Policía Científica explica por qué aquella
letra no era la que solía emplear el autor de los envíos: “Presenta una
evidente falta de espontaneidad y de sinceridad, lo que se demuestra por el
sistema de construcción empleado, trazo a trazo, con predominio del formato
versal […] paradas frecuentes, reenganches y correcciones, elementos todos
ellos que pueden indicar un intento de ocultar el estilo habitual de
escritura”.
La
minuciosidad del cotejo del material adquirido por Pompeyo con el que
albergaban los sobres descendió hasta constatar que las bisagras compradas eran
iguales a las empleadas para elaborar las cajas que albergaban los artefactos
explosivos. Además, el artefacto recibido en la Embajada de Ucrania contenía
una pieza de aluminio con dos orificios de 2 y 4 milímetros. La broca
helicoidal que compró el investigado era la ideal para realizarlos.
Además,
el autor había consultado las web de los organismos donde iba a realizar el
envío, quizá tan solo para averiguar su dirección postal. Compras en Amazon y
consultas estaban realizadas desde la misma IP, la dirección electrónica. Hasta
cuatro coincidencias encontraron los policías en este sentido.
El
18 de enero, agentes de la Comisaría General de Información vigilaban la casa
de Pompeyo en la calle Clavel de Miranda de Ebro cuando comprobaron que el
hombre bajaba a tirar la basura. Al regresar a su casa los policías recogieron
la bolsa y cotejaron el ADN de los efectos personales que contenía: era el
mismo que el que habían tomado de las cartas bomba, tanto de los sellos como
del interior de los sobres.
Para
la jornada del martes están citados como testigos trabajadores de las distintas
empresas que participaron en el traslado de las cartas o vendieron el material
que utilizó el acusado, así como del trabajador de la embajada ucrarniana al
que le explotó el artefacto cuando lo abrió, cauteloso, en el patio del
edificio. Entre esta jornada y la del jueves está prevista la declaración de
Pompeyo, que hoy no quiso deternerse a hablar con los medios de comunicación.
No hay comentarios:
Publicar un comentario