06 octubre 2019
En 'Zubiak', el documental que
Jon Sistiaga y Alfonso Cortés-Cavanillas acaban de estrenar en el Festival de
San Sebastián, aparece Maixabel Lasa (Legorreta, 1951) pochando pimientos para
acolchar un bacalao. El comensal es Ibon Etxezarreta, uno de los tres miembros
del 'comando Buruntza' de ETA que el 29 de julio del 2000 descerrajó dos tiros
en la nuca a su esposo, Juan María Jáuregui, exgobernador civil de Guipúzcoa.
Él trae el vino. Comen –poco– frente a frente.
–¿Qué opinaría
su marido de la cita?
–Estaría orgulloso de mí.
Creía, como yo, en la necesidad de dar segundas oportunidades.
–Cocinar para
alguien denota afecto.
–Simboliza la imperiosa
necesidad de crear puentes entre distintos. La persona que fue capaz de matar
en el 2000 ya no está en esa tesitura.
–¿Cómo puede
estar tan segura?
–Lo veo en sus ojos.
–¿Qué ve en
ellos?
–Más serenidad. En el 2014,
tras encontrarnos una primera vez con un mediador, vino al homenaje a mi marido
en Legorreta con un ramo de 13 claveles rojos –"los años que han pasado
desde que matamos a Juan Mari", dijo– y uno blanco, "el futuro".
Lo descoloqué cuando me subí al coche para indicarle el camino al monolito. Su
cara era la de alguien atemorizado. Él ha hecho un camino, y yo también.
–El suyo quizá
es el más desconcertante.
–A mí me sorprende que
sorprenda. Sé que a muchos les parece imposible, pero no están en mi pellejo.
–Es como si un
superviviente de Auschwitz almorzara con un SS.
–Se han dado casos. Un
encuentro restaurativo ayuda a cerrar heridas, a sanar. A la víctima, al
victimario y a la sociedad también. Estamos viendo que el Gobierno de España no
llega a acuerdos porque no hablan.
–¿O hablan de
terrorismo a la ligera?
–El concepto de terrorismo se
está banalizando. Los chavales de Alsasua, por ejemplo, tendrán
responsabilidades, pero no de ese cariz. Si esa misma pelea hubiera pasado en
Badajoz, no habría sido un 'ataque terrorista'. Y en el caso catalán, el
Gobierno en funciones debería aclarar más las cosas porque puede echar más
gasolina al fuego.
–¿Cómo empezó
usted a echar agua?
–Fue en el 2001, cuando el
lendakari Ibarretxe me ofreció ponerme al frente de la Dirección de Víctimas
del Terrorismo. Luego Ibon me contaría que cuando se enteró de que me iban a
nombrar a mí, pensó: "¿Tiene que ser la mujer a quien yo hice daño?".
–Un
pensamiento disonante.
–Por muy asesinos que fueran,
tenían un corazón. No sabían quién era Juan Mari –su primera víctima mortal–,
ni miraban las imágenes del daño que habían hecho. Ibon me explicó que cogió a
los perros y se fue al monte a gritar.
–Primero
aceptó un encuentro con Luis María Carrasco, otro de los tres etarras.
–En el 2011. Fui la primera víctima
que se encontró con el victimario directo. Pasé casi tres horas hablando con él
en Nanclares y salí de allí como si me hubieran quitado un peso de encima, como
si levitara. Y a finales del 2012, Ibon me mandó una carta –que guardo– en la
que reconocía el daño causado tanto a mí, como a las víctimas de otros tres
asesinatos.
–¿Suficiente
para verse?
–Nos hemos visto varias veces.
Me invitó al estreno de la tercera parte de la trilogía teatral 'Rescoldos de
paz y violencia' de María San Miguel. Y nos queda pendiente quedar con el hijo
de Froilán Elespe, edil del PSOE de Lasarte asesinado en el 2001, para charlar
en una terraza y que la gente nos vea.
–Incluso
felicita a su madre por Navidades.
–La madre está agradecida.
Desconocía la doble vida que llevaba su hijo; como la chica con la que se iba a
casar una semana después de su detención. Ella también le ha dado una segunda
oportunidad: es el padrino de su hija.
–Al menos, ni
él ni Carrasco apretaron el gatillo.
–Ibon me dijo que era la
tercera vez que intentaban matar a Juan Mari y que echaban a suertes quién
disparaba. Le tocó a Patxi Makazaga, pero podía haber sido él. Saber que dos de
las tres personas que mataron a Juan Mari están arrepentidas me reconforta. Son
los mayores deslegitimadores de la violencia armada. Ningún dirigente político
de la izquierda 'abertzale' ha sido capaz de reconocer lo que estos han
reconocido.
–¿Qué hay de
Makazaga?
–No sé dónde está. He
preguntado en su pueblo, que está a 11 kilómetros del
mío. Ibon me ha prometido enterarse dónde está e intentar convencerle de que
haga algo parecido.
–¿Eso
aquietaría definitivamente su espíritu?
–Sí. Creo en la justicia de lo
reparable y en la memoria de lo irreparable.
Opinión:
La decisión de
Maixabel es absolutamente personal y por lo tanto absolutamente respetable. Del
mismo modo que alguien que no lo hiciera. Exactamente igual.
La realidad
del tema es que Maixabel lo ha hecho a nivel personal y ello significa que se
representa a si misma... al contrario de lo que algunas víctimas o impostores
hacen cuando hablan u opinan en nombre de un colectivo al que no conocen.
De la etapa de
Maixabel como directora de la
Oficina en el País Vasco solo guardo excelentes recuerdos del
trabajo hecho en equipo. Y eso es algo que nadie nos podrá negar nunca.
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