martes, 17 de noviembre de 2015

16 noviembre 2015 (26) ABC

16 noviembre 2015 



El control de armas y explosivos en España, claves para combatir el terrorismo
En nuestro país aún no se han formado los guetos musulmanes de París o Marsella




Por qué Francia se ha visto sacudida en lo que va de año por una docena de ataques terroristas, cometidos por células que portaban kalashnikov y explosivos? Y, ¿por qué España, de momento, se ha librado de este tipo de atentados, pese a estar también en el punto de mira del Estado Islámico y Al Qaeda? Los expertos no encuentran una respuesta precisa, más allá de que la eficacia de las Fuerzas de Seguridad da sus frutos pero, eso sí, advierten de que nuestro país puede ser en cualquier momento escenario de atentados.
En medios de la lucha antiterrorista se recuerda que España se enfrenta a un nivel de amenaza de atentado yihadista similar al de otros países de Europa, lo que incluye a Francia. En primer lugar, porque se trata de un país ocidental, y lo que pretenden el autodenominado EstadoIslámico (EI) y Al Qaida es desestabilizar para luego liquidar las democracias. En el caso de España, el riesgo se incrementa por la vieja reclamación de Al Andalus, además de Ceuta y Melilla. Los dirigentes yihadistas también reprochan la gran eficacia mostrada por las Fuerzas de Seguridad, traducida en 60 individuos detenidos en lo que va de año.
Y tienen sus motivos, porque lo cierto es que varios de los 26 operativos desarrollados en 2015 han permitido frustrar varios planes para atentar en próximas fechas en España. En una de las comunicaciones interceptadas a los tres individuos arrestados en Madrid hace escasas semanas se aseguraba que ya había llegado la hora de atacar nuestro país. En los nueve primeros meses de este año, los dirigentes de Estado Islámico y de Al Qaida han lanzado una decena de amenazas directas contra España, con referencias a salir a las calles de Madrid empuñando cuchillos. El retornado de Siria detenido en junio en Varsovia, con información aportada por la Guardia Civil, tenía la misión de preparar atentados en conciertos de rock. Al parecer en España, donde había residido durante cuatro años.
En fin, estamos en la diana de los grupos yihadistas, lo que justifica que los expertos recomendaran al Ministerio del Interior activar el nivel 4 de alerta por riesgo alto de atentado. Los expertos tienen la percepción de que, además de la eficacia, «estamos teniendo suerte». Pero la suerte del que trabaja constantemente, sobre todo en labores de inteligencia y prevención, porque para combatir el terrorismo yihadista es vital la anticipación. Son individuos imprevisibles, a los que basta con disponer de un arma para atacar. Para atentados indiscriminados, y sin importarles un plan de huida, no necesitan muchos preparativos.
Resulta importante, también, el hecho de que, al menos de momento, en España no se ha llegado al asentamiento de guetos con población musulmana hacinada, como ha ocurrido en Francia durante los últimos años. Y no solo en barrios desfavorecidos de París, sino también de importantes ciudades como Marsella, Lyon y Estrasburgo.

El coctel suburbios-paro

El departamento de Seine-Saint-Denis, en los suburbios al norte de París, es un claro ejemplo. Allí se hacina un elevado número de musulmanes, que no acaban de integrarse en la sociedad francesa, con una alta tasa de desempleo, que alcanza hasta el 30 por ciento. Muchos son ya inmigrantes de segunda y tercera generación. El nombre Mohamed es el más extendido en Seine-Saint-Denis y en Marsella. Paro, desarraigo, incierto futuro...Muchos jóvenes y adolescente que han crecido en estos suburbios no necesitan experimentar un proceso de radicalización a través de internet o visitando la mezquita de un imán integrista. Los graves disturbios registrados en Saint Denis en 2005, y que en años sucesivos han tenido algún rebrote, deja al descubierto un terreno abonado.
El caso es que mientras en Siria e Irak hay unos 130 combatientes procedentes de España, los que han partido de Francia superan el millar. Es similar la proporción de quienes, tras permanecer unos meses en aquellas zonas, regresan a sus países de origen. Es decir, si a nuestro país han retornado unos 13, al vecino país han vuelto, en principio, cien.
La mayoría de los yihadistas que han atentado en Francia tienen la nacionalidad gala, porque son hijos e incluso nietos de inmigrantes. Esto dificulta las investigaciones. Algunos de los autores de los últimos ataques en París estaban catalogados como «radicales», pero eran ciudadanos franceses con todos sus derechos y, por tanto, con solo ese indicio no se les puede intervenir el teléfono o hacer un seguimiento más exhaustivo.
Tras los atentados del 11 de marzo de 2004 España mejoró, y mucho, todo lo relativo al control de explosivos, para evitar su robo en canteras y minas. Pero de antes ya tenía experiencia en el control de armas. ETA las adquiría en el mercado negro que existía en el eje Amberes-La Haya-Bruselas o en el este de Europa. También se las fabricaba en bases instaladas en Francia y más recientemente, cuando necesitó suministrarse de más, las robó en el vecino país. Y no en España, salvo casos aislado en la década de los ochenta. Francia, por el contrario, tiene un grave problema con un mercado negro que gira en torno al crimen organizado instalado en Marsella y su zona de influencia. No es difícil hacerse allí con fusiles de asalto.









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