22 junio 2017 (19.06.17)
Las víctimas aún piden justicia
en el 30 aniversario de la matanza de Hipercor
Barcelona recuerda
estremecida la peor matanza de la historia criminal de ETA
Explican que en 1987, cuando les enterraron en Santa Coloma
de Gramenet, 20.000 personas asistieron al sepelio. La ciudad despedía
conmocionada a Rafael Morales y María Teresa Daza, dos puntales del
movimiento vecinal de la popular población, ambos asesinados junto a otras 19
personas en el atentado de ETA en Hipercor. La mayor matanza llevada a cabo por
la banda terrorista en su negra historia, y de la que hoy se cumplen 30 años.
Jordi Morales tenía siete años cuando aquel Ford Sierra
rojo cargado con 200 kilos de amonal y
líquido inflamable sembró de muerte Barcelona y le arrebató a
sus padres. Sigue marcado por ese momento. «Te haces adulto, estudias, te
casas, tienes hijos... pero el dolor sigue ahí. Tengo la misma sensación de rabia.
Yo no perdono», explica a ABC en lo que es un sentimiento
compartido, con todos los matices posibles, por los supervivientes y familiares
de los fallecidos, que estos días se han reencontrado con emoción en los
númerosos actos programados para recordar ese trágico día.
En una reacción que su psicóloga señala que es de
autoprotección, Jordi Morales tiene un vacío en la memoria de un año y medio,
el inmediato al atentado. «No recuerdo nada, supongo que el cerebro borra el dolor»,añade para explicar como no fue hasta el
nacimiento de su hija que asumió por completo la pérdida, y las lágrimas,
entonces sí, se desbordaron.
Con la misma entereza con la que explica sus emociones,
detalla también el calvario judicial y administrativo para que él mismo fuese
reconocido oficialmente como víctima del terrorismo. Sus padres no estaban
casados, así que aquel huérfano de siete años no constaba en la sentencia
judicial. Estuvo cuatro años litigando para que se le reconociese la condición de
víctima, una pugna judicial que ahora reproduce para que también se reconozca
como tal al hijo que esperaba su madre, embarazada de tres meses, cuando fue
asesinada. «Parece increíble, pero en el caso de un accidente de coche, a los
hijos nonatos se les reconoce. Con las víctimas del terrorismo no sucede»,
explica con la misma rabia con la que denuncia «a los políticos que se llenan
la boca y no han hecho nada por
ayudarnos».
En ese costoso y largo proceso, como a muchísimas otras
víctimas, le está ayudando Roberto Manrique. Él tenía 24 años cuando pocas horas
antes de la explosión le cambió el turno a un compañero en la carnicería del
Hipercor de la avenida Meridiana de Barcelona. La explosión le provocó
quemaduras en el 80 por ciento del cuerpo. «El tiempo no lo cura todo, pero
aprendes a vivir», explica a este diario Manrique, infatigable en su tarea de
localizar, asesorar y, cuando ha hecho falta, consolar a unas
víctimas que durante muchos años se han sentido desamparadas.
Manrique, que durante años estuvo al frente de la AVT en Cataluña, y luego de la asociación catalana de víctimas
Acvot -ahora dirigida por José Vargas-, se
enerva cuando enumera las decenas de casos, algunos ganados, otros aún sin
cerrar, que se han tenido que batallar en los juzgados. Relata por ejemplo el
periplo judicial de Enrique Vicente y Núria Manzanares, que perdieron en el
atentado a sus hijos Silvia y Jordi, de 12 y 9 años, y a la hermana de ella,
Mercè. No han visto
reconocida su condición de víctimas porque ellos no estaban en el lugar del atentado.
Vacío institucional
«Es frustrante», apunta Manrique, que sí reconoce que el
apoyo y ayuda a las víctimas ha mejorado, pero que esta ha sido, y sigue
siendo, una lucha que las asociaciones, y las víctimas a título individual, han
tenido que batallar. Manrique recuerda, por ejemplo, como en 2014 presentó el listado de las 280
víctimas que contabilizaron en Cataluña ante la Dirección General
de Apoyo a las Víctimas. «Les dije: estos son los nombres, ya los podéis
localizar. Me felicitaron por el trabajo, pero su respuesta fue que si alguien
quería algo tenía que solicitarlo, que ellos no harían nada por encontrarlos»,
denuncia Manrique.
A los problemas en el reconocimiento de las víctimas se
suma el abandono institucional que estas han tenido históricamente, una falta
que solo ahora, 30 años después, comienza a corregirse. Las administraciones
se están volcando estos días en organizar
actos en su homenaje después de que, durante años, los aniversarios del
atentado de Hipercor de Barcelona casi se celebrasen de incógnito. «Cuando el
Ayuntamiento nos reunió para preparar el homenaje, lo primero que hizo fue
pedirnos perdón por 30 años sin hacer nada. Por algo se empieza», apunta Jordi
Morales.
Opinión:
Es imprescindible leer las declaraciones de tantas víctimas
en estos días de recuerdo y homenaje para que se conozca la realidad sobre los
treinta años vividos y, por encima de todo, para que se conozca la verdad.
El excelente reportaje de Alex Gubern aporta mas luz de la
que algunos esperaban…
A buen entendedor…
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